Todo el marco
ficticio de mi universo está sustentado en
hipótesis de la
física , en teorías
pseudocientíficas y
datos históricos, unos comprobados y otros no. Toda esta información e ideas están ordenadas y estructuradas con el único propósito de soportar una
ficción.
Mezclo teorías, datos, influencias, ideas propias y ajenas eligiendo aquellas que me parecen estéticamente atractivas. Intuyo que en el caos a mi alrededor subyace una belleza brutal, mi propósito es descubrirla en todo lo que me rodea y atañe, y tratar de recomponer lo que considero un discurso cultural que en este momento se halla
enajenado, roto y disperso.
Si bien, me he percatado por la reacción de algunos de mis lectores, que tengo la posibilidad de hacerme de dinero hurdiendo una nueva religión, en ningún momento pretendo hacerme de un solo centavo a costa de la natural necesidad de confortamiento de la gente, o de la mera estupidez humana. No me interesa. No quiero sumarme a la lista donde están personas como
Carlos Cataneda,
George Walton Lucas, Jr. o
Gene Dorrenberry. En todo caso, si he de agregarme o agregar mi trabajo a una lista, mi aspiración estar en la lista donde se hallan
Blade Runner o
Dunas.
En el más aventurado de los casos, mi universo debe entenderse como una alegoría de la realidad, no como la realidad.